El capitalismo ha formulado su tipo ideal con la figura del hombre unidimensional. Conocemos su retrato: iletrado, inculto, codicioso, limitado, sometido a lo que manda la tribu, arrogante, seguro de sí mismo, dócil. Débil con los fuertes, fuerte con los débiles, simple, previsible, fanático de los deportes y los estadios, devoto del dinero y partidario de lo irracional, profeta especializado en banalidades, en ideas pequeñas, tonto, necio, narcisista, egocéntrico, gregario, consumista, consumidor de las mitologías del momento, amoral, sin memoria, racista, cínico, sexista, misógino, conservador, reaccionario, oportunista y con algunos rasgos de la manera de ser que define un fascismo ordinario. Constituye un socio ideal para cumplir su papel en el vasto teatro del mercado nacional, y luego mundial. Este es el sujeto cuyos méritos, valores y talento se alaban actualmente. (Michel Onfray)


viernes, 28 de enero de 2011

CONTRA NATURA (2006)



Diu el profeta:

—Odio l’art del gran mag, perquè ens incita a les danses etèries, o bé ens recorda com es clapoteja al llot de les regions abissals, i sóc amic de les ballades alegres d’aquells que trepitgen ferms el terra.

I jo penso:  «El meu instint m’enduu cap al mag, però la meva raó està amb el profeta. Com es possible que l’instint m’allunyi de la vida i la raó m’apropi a ella?».

Sóc humà, excessivament humà: la meva natura, contra natura. Sens dubte.

ACÓGEME, MADRE (2010)






Oh madre de todo lo que fue y de todo lo que será, ante ti me presento de nuevo, desnudo como cuando nací.

Tú, que acoges la semilla en tu seno fecundo, donde permanecerá en la húmeda obscuridad mientras espera que se cumpla su momento, tú, que permites que crezca hacia la luz, acógeme.
Cuantas veces la deposité en tus entrañas con mis propias manos, madre amante, sentí vibrante tu orden formidable, la potencia generadora que, junto a la luz solar, todo lo convierte en tesoro para los seres que fueron y serán.
Dadora de vida, de toda forma de vida, tu eres nuestra madre y hermanos somos el campesino humilde y el monarca altivo, la flor que embellece el día con su perfume e irisación y la sabandija ciega que devora una carroña en el légamo del albañal.
Tú, que nos nutres a todos y nada nos pides a cambio, tú, a quien todo lo debemos, cuerpo y vida cotidiana, día tras día, equinoccio tras equinoccio, devolviste a mis manos la cosecha que alimentó a mis hijos y devuelves la que alimenta a los hijos de mis hijos.

Oh madre de todo lo que fue y de todo lo que será, ante ti me presento de nuevo, desnudo como cuando nací.
Acógeme de nuevo, hazme permanecer en tu húmeda obscuridad mientras espero que se cumpla el momento del retorno y que me permitas crecer hacia la luz.
Tú, a quien todo lo debo, perdóname el mal que te hice cuando te herí, cuando olvidé que soy barro nacido de tu cuerpo y de las aguas que como hilos transparentes tejen caminos que unen tu más profunda y mansa obscuridad con la aérea y ardiente luz solar.
Acógeme, sí, conviérteme en tesoro, deja que te enriquezca y que conmigo enriquezcas todo aquello que será, acepta ahora la ofrenda de mi cuerpo marchito.

Oh madre de todo lo que fue y de todo lo que será, ante ti me presento de nuevo, desnudo como cuando nací.
Acógeme. Soy materia y te pertenezco.

miércoles, 26 de enero de 2011

ACULL-ME, MARE (2010)




Oh mare de tot el que va ser i de tot el que serà, davant teu em presento de nou, nu com quan vaig néixer.

Tu, que aculls la llavor en la teva entranya fecunda, on romandrà en la humida foscor mentre espera que es compleixi el seu moment, tu, que permets que creixi cap a la llum, acull-me.
Quantes vegades la vaig dipositar en les teves entranyes amb les meves pròpies mans, mare amant, vaig sentir vibrant el teu ordre formidable, la potència generadora que, al costat de la llum solar, tot ho converteix en tresor per als éssers que van ser i seran.
Donadora de vida, de tota forma de vida, tu ets la nostra mare i germans som el camperol humil i el sobirà altiu, la flor que embelleix el dia amb el seu perfum i irisació i la cuca cega que devora una carronya en el llot del clavegueró.
Tu, que ens nodreixes a tots i res ens demanes a canvi, tu, a qui tot ho devem, cos i vida quotidiana, dia rere dia, equinocci rere equinocci, vas retornar a les meves mans la collita que va alimentar els meus fills i retornes la que alimenta els fills dels meus fills.

Oh mare de tot el que va ser i de tot el que serà, davant teu em presento de nou, nu com quan vaig néixer.
Acull-me de nou, fes-me romandre en el teva humida foscor mentre espero que es compleixi el moment de la tornada i que em permetis créixer cap a la llum.
Tu, a qui tot ho dec, perdona'm el mal que et vaig fer quan et vaig ferir, quan vaig oblidar que sóc fang nascut del teu cos i de les aigües que com fils transparents teixeixen camins que uneixen la teva més profunda i mansa foscor amb l'aèria i ardent llum solar.
Acull-me, sí, converteix-me en tresor, deixa que t'enriqueixi i que amb mi enriqueixis tot allò que serà, accepta ara l'ofrena del meu cos marcit.

Oh mare de tot el que va ser i de tot el que serà, davant teu em presento de nou, nu com quan vaig néixer.
Acull-me. Sóc matèria i et pertanyo.


lunes, 24 de enero de 2011

MOLOC (1986)

Abre los ojos: sin transición entre el sueño y la vigilia, ha advertido su presencia en un nuevo día.
Nada lo aflige, ningún recuerdo lo inquieta. El futuro no existe más allá del instante.
Recostado, goza percibiendo las cosas que son: la caricia del sol y la tibieza de la brisa que penetran por la ventana, las formas amables de los objetos que lo rodean, la voz de los seres queridos...

Pero al hombre le acontece todo lo contrario.
Caóticamente ¾desincronizados¾ sus sentidos lo incorporan al flujo de lo cotidiano. Con la conciencia turbia, se le agrega; contra su voluntad, incluso contra su naturaleza primigenia.
Un acto reflejo, fruto de una voluntad extraña, de naturaleza artificial.

Súbitamente, con entusiasmo, ha abandonado el lecho y avanza por el corredor con paso inexperto.
En la cocina, cálida y placentera, los jóvenes padres han interrumpido su actividad amortiguada y vuelven los rostros hacia su esperada presencia.
Sonríe al contemplar la figura de los seres que lo aman, que lo satisfacen cuando tiene hambre o frío, que lo asisten cuando precisa ayuda.
Y al silencio y a la calma que imperaban en esa habitación, suceden exclamaciones y palabras de dulce entonación, caricias y abrazos jubilosos.

Los pasos del hombre parecen firmes. La costumbre confiere rotundidad a sus actos. Por eso, ni tropieza ni yerra ningún movimiento, aunque mire sin ver y actúe sin pensar.
Pero en su conciencia, como todas las mañanas, la rutina del naufragio hace rular monólogos expiatorios, obsesiones devastadoras, imágenes rasgadas...
Quizá debiera detenerse. Admitir que la angustia lo corroe con un dolor obstinado, ineluctable. Negarse a proseguir. Caer acurrucado y gritar escondiendo el rostro entre los puños. Gritar como un loco, hasta quedarse sin fuerzas. Aullar como un animal que se niega a avanzar en círculos hacia la desolación.

Asomado a la ventana que da al patio, contempla la forma cambiante de las nubes o los reflejos de la luz en un charco de agua.
El mundo lo fascina. Desea saber, dominar el secreto de los movimientos y de las formas, conocer el cómo y el porqué de la sucesión de las cosas. Lo desea como sólo puede desearlo un ser que no conoce aún ni el temor ni el vértigo ante el vacío que se oculta tras el espejismo.
Goza del fluir de la vida. Todavía no sabe que el tiempo no es sino dolor.

Rehúye pensar en ello y nada lo revela en su apariencia, pero vive huyendo.
Inútilmente, intenta disipar  algo de su angustia con el cansancio.
Debería renunciar al embrutecimiento con el que se insensibiliza. Debería aceptar todo el dolor y ¾volviendo lentamente sobre sus pasos— enfrentarse al mundo, a la vida, a su conciencia.
Porque si un hombre se niega a seguir agonizando en círculos, bien puede precipitarse en el abismo; pero también  ¾¿por qué no?¾  podría deslizarse con amarga serenidad a través de la incertidumbre, hallar en la contemplación  del enigma mismo la armonía oculta de su tragedia.
Con paso nervioso, se dirige a su vehículo y pone en marcha el motor con un espasmo. Teme llegar tarde a su cita cotidiana con la inmolación.

Nunca conocerá la huella del tiempo, porque ha sabido abrir una puerta, porque va a aventurarse a cruzar la calle ¾nunca podrá decirnos para qué¾, porque va a encontrar en su trayecto, en el final de su trayecto, a un hombre que sabe que es más fácil huir que bordear el límite entre lo posible y el sueño.
Nunca conocerá el rostro terrible y oculto de la vida. Nunca verá cómo los espejismos se derrumban, ni temblará sobre el abismo. Ya no conocerá ni la ensoñación ni el desengaño.
Nunca advertirá cómo los seres amados se marchitan, presos en la vorágine, transitando absurdamente la sobra de sus días.
Nunca lo asfixiarán ni la angustia ni el miedo ni la tiniebla.
Nunca sufrirá dolor.

domingo, 23 de enero de 2011

UN DÍA DE GLORIA (1992)


Equipo de fútbol infantil hacia 1950 en Villamanín, León (foto de Miguel Bayón Cabos).

UN DÍA DE GLORIA

Ahora, cuando mi futuro inmediato es incierto —aunque se intuya con claridad su conclusión—, hago balance de mi vida.
Entre tantos proyectos malogrados y tantas metas ni siquiera vislumbradas, aparece un día de gloria, único. Fue cuando tenía catorce años. Vivíamos en un pueblo perdido entre las montañas. Mi familia había alquilado unas habitaciones destartaladas a las que se entraba por la cocina. Comprendí que no me iba a ser posible invitar a ningún muchacho.
Al poco de llegar, escuché en la escuela que nos llamaban los forasteros. Ese fue desde entonces nuestro nombre. Mi padre parecía ignorarlo, inmerso en el mundo de las máquinas, en su trabajo. Sin duda, mi madre sí que debía percibir esa hostilidad, pero era toda silencio.
El domingo, en la iglesia, nadie compartía nuestro banco. Me convertí en un muchacho huraño y busqué refugio en los bosques. Y, en mi interior, hacía responsable a mi padre de toda aquella tristeza.
Así pasó un curso, llegó el buen tiempo y se fueron abriendo las casas señoriales del gran paseo de pueblo. En algunas las casas se instalaron familias de veraneantes. Se oían nuevas voces de jóvenes y por las calles corrían grupos de niños desconocidos.
Vivíamos en una casucha. No me había atrevido a invitar a ningún muchacho —ya lo he dicho—, pero lo cierto es que tampoco nadie habría aceptado visitarme. Para los del pueblo era un forastero más, para los forasteros, alguien de otra clase; para todos ellos un extraño que hablaba otra lengua.
Y de todas maneras para qué. La única vida que me importaba ya era la vida al aire libre: en los bosques espesos, umbríos; solo, caminando sin rumbo fijo.
Aún así, frecuentaba el campo de fútbol. Me toleraban: siempre hace falta gente para llegar a once o para tener un reserva al menos. Pero, desde luego, siempre con los forasteros.

Aquel día, durante la primera parte, jugó un chico francés. Ninguno contaba con él. Cuando conseguía el balón, tampoco contaba con nadie, avanzaba hacia la portería regateando hasta acabar acorralado en la esquina del córner y perder la pelota rodeado de defensas.                 
Esos cuarenta y cinco minutos fueron como el sumario de mi vida hasta entonces: rechazo, impotencia, rencor…
Pero tan mal lo hizo el francés que, a pesar de todos sus argumentos, al llegar la media parte lo enviaron al banquillo. Al fin tendría una oportunidad. Corrí como ninguno. Si nadie contaba conmigo, yo estaría al lado de todos, esperando un rebote, un pase perdido, un error… como un perro triste que esperase una migaja caída de la boca de los otros.

No faltaría mucho para que acabara el partido cuando mi equipo, en un contragolpe afortunado, avanzaba con ventaja hacia la portería contraria. La jugada era clara. Rubios, esbeltos, bien equipados, en tres toques se plantaron en el terreno contrario. Sus hermanas y amigas los animaban desde la banda. Yo corría en paralelo a su jugada, solo, ignorado. Uno de ellos chutó desde el centro mismo del área. Recuerdo el salto inútil del portero, su gesto de impotencia, como en una imagen congelada. El balón golpeó el travesaño y rebotó de nuevo hacia el campo. Recuerdo la parábola descrita. Perfecta.
Sé que salté en plancha, justo con la forma soñada en tantos momentos de ilusión, con los ojos abiertos en los bancos desgastados de la escuela en tardes lluviosas y monótonas de invierno, con los ojos entornados tumbado sobre la cama en tardes agridulces de domingo, soñada verdaderamente en noches heladas de invierno.
Como un verdadero delantero centro: el cuerpo en paralelo al suelo, los brazos abiertos como las alas de un pájaro, la frente en alto buscando el balón, justo a ras del suelo.
El impacto del balón. El balón muerto en el fondo de la red. El portero medio incorporado con toda la tristeza del mundo en su mirada. Los latidos atronadores de mi corazón. Vítores.

Cuatro a tres. El partido finalizaba con sus ataques desesperados desbaratándose contra nuestra firmeza. Alguien recordó que era la primera vez en dos generaciones que ganaba el equipo de los veraneantes. Nos sentíamos inmersos en una plenitud irrepetible.
Otras veces, durante mi vida, esperé que el azar me ofreciera una migaja caída de la boca de los poderosos. Nunca he vuelto a tener tanta suerte.


jueves, 20 de enero de 2011

MEDITACIÓN POSTRERA (1982)


A la memoria de Cesc Aldea (1957-1982)


Yo arrebaté aquel árbol a la tierra y le otorgué función y forma nuevas. Ya sin vida, jamás azar alguno reunirá lo que ahora son despojos: fragmentos astillados que se esparcen, inermes, en la cresta de las olas.

Azul y negro, el mar, azul y blanco, bajo la helada luz de los astros.

Allí donde las olas son flagelo, imagino a los hoscos confinados. Unos, ensimismados, ponen todo su empeño en la quimera más estéril. Otros, mezquinos, saben y en silencio celebran el fracaso del que huía, como ellos prisionero. Pero a nadie condeno, pues ahora me subyuga la calma liviandad en que reposo.

Enmudezco… Jamás azar alguno volverá a concebir el cuerpo inerte en que ya mi conciencia se disipa.

Azul y negro, el mar, azul y blanco, bajo la helada luz de los astros.

miércoles, 19 de enero de 2011

EL RETORNO DEL CAPITÁN (2002)

Como si hubieran transcurrido la víspera, recordábamos sucesos de épocas lejanas.
Cuando las tardes invernales descendían sobre las colinas, acurrucados junto al hogar, tratábamos en vano de calentarnos. Ráfagas de aire frío y pegajoso que conseguían penetrar en la cocina hacían y deshacían volutas de humo plomizo. Arabescos. Trazos fascinantes. Una llovizna desacompasada ocultaba a ratos la visión del escaso paisaje que las brumas no habían ocupado.
En vano tratábamos de darnos ánimos recordando hazañas y aventuras de tiempos pasados. Quizá consiguiéramos sugestionarnos por un instante, los ojos entornados, pero la ilusión se desvanecía con un suspiro profundo, el silencio bajo la lluvia y el viento, la mirada fija en los troncos macilentos.

     Galopamos, libres, hasta reventar nuestras cabalgaduras. Los cabellos al viento. Llegar hasta los acantilados. Bordear vertiginosamente el abismo. Entre risas y gritos. Por instinto.
Subir hasta las cimas. Mirar el sol. Bajar alocadamente hacia el río. Corazón palpitante. Zambullirse en la hoya helada. Tumbados sobre las rocas. Sentir el placer del calor sobre la piel desnuda. Dulce languidez.
¾Y ahora, ¿adónde, capitán?
El crepúsculo en la taberna. Saciar el hambre y la sed. Música festiva de violines y acordeones. Danzas vertiginosas. Trazos fascinantes. Ritmos que se trenzan y destrenzan.
Recorrer vertiginosamente su cuerpo. Entre risas y gritos. Como un extranjero: sin ataduras, sin sentimientos, por instinto. Corazón palpitante. Zambullirse en el placer ardiente. Dulce languidez.

Marchar al alba. Atravesamos orgullosos, despreocupados, las callejas silenciosas. Herraduras contra pedernales. Galopar. Recorremos los caminos. Hacia la costa. Pasamos junto a los chamizos. Deprisa, deprisa. Que queden atrás. Desde sus puertas nos contemplan somnolientos, ensimismados.

Al llegar el alba, un rumor lejano, oíamos el galopar de la partida del capitán. Como ayer mismo venían a buscarnos.
¾Rápido, rápido. No le hagamos esperar.
Al abrir la puerta nos embriagaba la frescura del rocío, la fragancia de los campos de mayo.
Pasaban frente a nosotros, despreocupados, arrogantes. Los cabellos al viento. Hacia la costa, hacia el vértigo, a pasearse sobre el filo de la arista, sobre el abismo.
¾¡Esperad, esperad!
¾¡Capitán, capitán!
Y desde la puerta los veíamos pasar, con ojos somnolientos, entelados. Viejos.

martes, 18 de enero de 2011

VOLUNTAD Y DESEO (2004)

Si uno pudiera ser un caballo sin jinete, trotando obstinado hacia una cumbre siempre inaccesible, contra el viento, trotando obstinado hacia una luz siempre fugitiva, dispuesto a detenerse sólo ante la muerte, cabalgando hasta la extenuación, sin riendas, sin bridas, sin espuelas, fieramente avanzando —alegremente, como un ángel vencido— hacia la muerte...
Si uno apenas viera ante sí nada más que la caída y no cejara en su empeño, la vida se estaría viviendo entonces como un acto supremo de dominio... Si uno apenas viera ante sí nada más que la noche más obscura y no cejara en su entusiasmo, la vida se estaría viviendo entonces como un acto máximo de fuerza... ¿Lo comprendes?
Si uno pudiera ser un caballo heroico que corre hacia una luz cegadora, ¡qué sensación voluptuosa de eternidad!

domingo, 16 de enero de 2011

¿QUÉ ME ESTÁ PASANDO? (2004)


Cuando mi angustia me asfixia, cuando se enzarza a mi cuerpo y me estruja, la cojo por los pies y la golpeo contra las paredes de la celda. Magulladuras, erosiones, huesos astillados, fracturas. Silenciosamente soporta toda mi violencia. Su cuerpo ennegrecido cae al suelo. Inerte, amorfo. Cubierto de sangre. Desmembrado, viscoso.
Yo también caigo, agotado, la respiración entrecortada. Y oigo cómo se reincorpora, cómo gatea y se me acerca. Sus ojos sin fondo. Repta sobre mi cuerpo, me abraza profundamente, miembro contra miembro.
Me resigno y me levanto. Como, trabajo, duermo.

A veces, la cojo por el cuello por sorpresa y la hundo en el agua de un charco. Su cuerpo se retuerce, sus garras se hunden en mis brazos, pero no cejo. Deviene inmóvil, como muerta. Me alejo corriendo, me detengo. La veo acercarse a trompicones. Se agazapa a pocos metros y extiende sus zarpas hacia mí, anhelante. Salta y me derriba. Su boca contra mi boca, su aliento contra mi aliento.
Me resigno y me levanto. Como, trabajo, duermo.

También la ataco por sorpresa, con un hacha o un cuchillo grande, con todas mis fuerzas. La dejo tirada en medio del monte, entre la maleza. Y al rato me doy la vuelta y la veo en medio del camino. Me enseña los dientes, afilados, enormes, y viene a por mí. Me domina, me muerde, me desgarra, me atormenta... se me engancha al cuello.
Me resigno y me levanto. Como, trabajo, duermo.

Otras veces corro, subo y bajo, salto, me agoto. Me arrojo contra los muros, me estrello. Lucho, maltrato mi cuerpo. Me harto, me emborracho, cometo todos los excesos. O atravieso el vacío sobre una cuerda floja, a ciegas, y caigo. ¿Si muriera...?, pero aún no pongo suficiente empeño.
Me resigno y me levanto. Como, trabajo, duermo.

viernes, 7 de enero de 2011

BALANCE DE UNA VIDA (2001)

No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no...

—Sí —me responde la muerte, sin que yo se lo demande—, yo te acepto.

sábado, 1 de enero de 2011

YO (2003)

Si yo pudiera detener mi vida, detener ese tránsito obligado, esa marcha constante, este viaje sin posible retroceso, siempre hacia adelante...
Si pudiera apearme, la vida arrancaría llevándoselo todo hacia su destino y yo me sentaría mirando el tiempo inmóvil.
Descansaría una eternidad y cuando me sintiera en paz me encaminaría hacia el pasado deteniéndome en todas las esquinas, en todos los rincones, en todos los cruces recorridos...
Viajero por el tiempo, podría conocer todo lo que transitó en cada momento cuando mi vida se encontraba en otro lugar. ¡Qué riqueza de perspectivas!
Quizá supiera todos aquellos lo que pudo ser que en mi vida fueron estos lo que no ha sido.